El incendio provocado por el vandalismo se produce por aburrimiento, al igual que los jóvenes que usan graffiti u otros actos de vandalismo.
El incendio de venganza se divide en cuatro grupos: venganza contra una persona, una sociedad, una institución o un grupo. Este es el motivo más común para los pirómanos en serie.
El incendio de ocultación de delito ocurre cuando alguien está tratando de destruir evidencia de otro delito. Estos crímenes varían desde robo a asalto hasta asesinato.
Los pirómanos no establecen fuegos para ganar o para eliminar la deuda. Los ejemplos más comunes de estos son fraude de seguros, liquidación de propiedades, destrucción de inventario o para obtener empleo.
El perfil del pirómano medio es un hombre de mediana edad, con un cociente intelectual relativamente bajo sin llegar a tener retraso mental, que además suele consumir alcohol en el momento que lo realiza. No es necesario que esté borracho, solamente el tener unas copas de más le facilita atreverse a hacer eso que tanto placer le produce: provocar fuego. Además es habitual que desde pequeño le haya gustado, incluso fascinado el fuego. Ademas tenga comportamientos antisociales y otras actividades delictivas.
¿Hay tratamiento para el pirómano?
Como hemos dicho, tanto un perfil como el otro, incendiario y pirómano, son altamente peligrosos para lo sociedad. La diferencia radica en que en uno de los casos parte de la base de un problema psicológico que sí tiene tratamiento cura, mientras que en el otro caso no existe problema psicológico de base.
Efectivamente en el caso de los pirómanos o piromaniacos existe tratamiento para poder rehabilitarse, en muchos casos, con ayuda de la psicoterapia y de la medicación.
Eso sí, la mayoría de casos que vemos en las noticias se corresponden con incendiarios, ya que la piromanía, además de ser poco habitual en la población, tiende a estar supervisada y más controlada.
Ahora que ya conocemos la diferencia entre pirómanos e incendiarios, llevemos cuidado con los términos porque nada tienen que ver.